NUEVOS AIRES EDICIÓN Nº 5  | ABRIL DE 2018
 

El Fortín de la oligarquía

Horacio Ramos

MLa Sociedad Rural Argentina, nació en la vieja casona de los Martínez de Hoz en San Telmo el 10 de julio de 1866, mientras nuestro país se hallaba sumergido en el barro de la Guerra del Paraguay. Debemos señalar que, a partir de su fundación, el primer presidente (bisabuelo de quien fuera ministro de Economía de la dictadura en 1976), le transmitió una desembozada impronta de clase, iniciando así un derrotero que, a lo largo del tiempo, instaló a la entidad como una de las causantes de las horas más oscuras que ha padecido nuestra historia. La saga de nuestra vida como Nación, señala a la SRA como uno de los sectores más responsables del exterminio de los pueblos originarios durante la pérfida “Campaña del Desierto” que orientó el general Julio A. Roca. Al respecto, nos permitimos recordar lo siguiente: después de la masacre, las puertas del latifundio se abrieron de par en par; de ese modo, se repartieron 41 millones de hectáreas a 1843 terratenientes, de manera especial a la dirigencia de la SRA, como lo expresara con precisión el historiador Osvaldo Bayer; por ejemplo, a la familia Martínez de Hoz, se le adjudicaron, nada más y nada menos, que 2 millones y medio de hectáreas.


Asimismo, los miembros de la SRA, tuvieron activa participación en los sucesos de la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde; su presencia fue inocultable en el golpe de Estado de 1930 contra el gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen, así como a lo largo de la “Década Infame”, y también en “la fusiladora” de 1955 que derrocó al presidente Juan D. Perón. Diez años después, más precisamente en 1966, contribuyó a la destitución del presidente Arturo Illia, y en la posterior exposición anual, el titular de esos años, Faustino Fano, se paseó junto al dictador Juan Carlos Onganía en una carroza de época por el predio de la institución, coche similar al utilizado por la Infanta Isabel de España en la visita que realizó durante el Centenario.

Todo este recorrido de la SRA se quiebra en 1973, con la victoria popular lograda en los comicios de ese año. Sin embargo, regresa de las sombras del ocaso, y asiste radiante a la asunción del dictador Jorge R. Videla en 1976, apoyando con actitud decidida a esa etapa siniestra, plagada de represión, muerte y desapariciones. No era extraño, pues un hombre de sus filas, otro Martínez de Hoz, asumía el Ministerio de Economía que, luego lo sufrimos, cubriría de hambre la mesa de los sectores populares. Por eso, el 24 de marzo de 1977, a un año del golpe, la SRA publicó una solicitada de apoyo al gobierno dictatorial, algunos de cuyos párrafos más significativos rescatamos a continuación: “Ahora no debe dominarnos la impaciencia. Volvamos nuestra memoria al 24 de marzo de  1976 y comparemos la actual situación con aquella, recordemos etapas similares y veremos que las experiencias pasadas, nos indican la inconveniencia de actitudes demagógicas, de aperturas políticas prematuras que pueden entorpecer o demorar una efectiva recuperación del país en todos los orígenes. La Sociedad Rural Argentina reitera frente a los productores y la ciudadanía en general, su apoyo a toda acción que signifique completar el proceso iniciado el 24 de marzo de 1976, para poder lograr así los fines propuestos que, en definitiva, son los grandes objetivos nacionales.”

En julio de 2011, antes de las elecciones que ungieron presidenta a Cristina Fernández de Kirchner con casi el 55 por ciento de los votos, Hugo Biolcati, para entonces cabeza de la SRA, expresaba: “…estoy seguro que esta larga noche está llegando a su fin. Pronto, todos juntos en las urnas, podremos devolver a la Patria los valores que fuimos olvidando.”

Nostálgico impenitente de la Argentina del Centenario, aquella de las vacas gordas y los peones flacos, el empresario lechero “le erró fiero al vizcachazo”, como diría algún viejo criollo de estas pampas. Hoy, alimentada su imagen ya vetusta por los medios hegemónicos, la SRA sigue exhibiendo, en sus pronunciamientos públicos, la misma soberbia aristocrática que la caracteriza desde el siglo XIX.

Lo que realmente lamenta y la llena de rencor, es comprobar que unos plebeyos sin blasones han usurpado, con un democrático desparpajo que germinara en el voto de la ciudadanía, el sitial que a lo largo de la historia ella, por medio de sus amanuenses, ocupó sin pedir permiso: el poder político en esta hermosa Nación de los argentinos.