NUEVOS AIRES EDICIÓN Nº 1  | OCTUBRE DE 2017
 

El laberinto popular

“Señor –le dije-, clavo la rodilla y la frente, pero, ¿cómo salir de la noche doliente?”

Y respondió:  “En su noche toda mañana estriba: de todo laberinto se sale por arriba

“si el alto Amor lo quiere. Pero la Ciencia dijo: En horas de tiniebla no te apresures, hijo.”

Laberinto de amor (fragmentos)

Leopoldo Marechal

Gerardo Codina*

El macrismo logró con creces su objetivo de acumulación de poder, incluso a costa de sus aliados. Triunfó en los cinco mayores distritos del país y logró la instalación nacional de su marca Cambiemos. Todo sin alcanzar la mayoría electoral, excepto en la Ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes y Jujuy. Un fenómeno impresionante que ha desconcertado a muchos de sus opositores, que no logran entender las razones detrás de la aprobación, por parte de una porción considerable de la población, de la gestión de Macri.

“En horas de tinieblas no te apresures, hijo”, le responde el Señor al suplicante de Marechal, después de recordarle que “de todo laberinto se sale por arriba”. Encerrado en sus dilemas, el movimiento nacional popular debe encontrar los caminos de una reflexión colectiva que abra cauce a su necesaria recomposición. Reflexión que no está divorciada de la acción, sobre todo reivindicativa, pues los pueblos afilan el lápiz de sus ideas cuando están en marcha, nunca en solitario y en la pasividad.   

En principio, hay que reconocer la virtud del oponente, que sin domar la inflación ni poner en marcha la economía, reduciendo los ingresos de los sectores menos pudientes, haciendo negociados escandalosos a la vista de todos, manejando impunemente la justicia venal para esconder sus crímenes y perseguir a sus oponentes, ha logrado instalar la idea de que el país está saliendo de una crisis originada en la corrupción brutal del gobierno anterior y que ahora si, por fin, se está en la buena senda. ¡Si, se puede!, gritan los fieles de la nueva religión y bailan en spots amarillos. Han tenido la habilidad de construir una utopía movilizadora que se presenta como moderna y capaz de lograr la superación del atraso al que –dicen- nos condenaron setenta años de desaciertos populistas.

La corrupción (de los demás; no la propia, claro) ha sido el ariete que usó en toda América Latina la derecha para demoler los movimientos populares en el poder. Los reos siempre son los funcionarios coimeros, nunca los empresarios que los untaron. Pero con ese argumento elemental, se puso en cuestión toda la legitimidad del accionar de los gobiernos de Lula, Chávez y Cristina. Para funcionar, la explicación debe cerrar por derecha y por izquierda. Es lo que se acaba de ver en la votación favorable al desafuero de Julio De Vido en la Cámara de Diputados. Y si logra imágenes como los bolsos de López, mucho mejor.

Esa votación debe servir como lección para quienes hacen cuentas rápidas y concluyen que en la unidad de todos los opositores reside la posibilidad de la derrota de este proceso de restauración conservadora oligárquica que encarna el macrismo. Un razonamiento que es medio cierto. Porque esconde que todas las versiones de la oposición hicieron causa común con el macrismo para denostar al kirchnerismo. Todos hicieron campaña en contra de Cristina, incluso los que se dicen peronistas.  

¿Se puede cambiar eso? Es la gran pregunta. Porque más allá de los dichos y actitudes de los dirigentes, están las acciones de sus seguidores, los que les ponen los votos. Del mismo modo que, para que las mentiras de los medios monopólicos funcionen, tienen que haber muchos dispuestos a consumirlas cada día y a repetirlas sin pensarlas.  

De la mano de este gobierno hay un país que viene y es preciso que se debata públicamente. Hacer el balance de lo recorrido y poner en claro hacia dónde vamos. A las banderas propias de justicia social, democracia y vigencia de los derechos humanos, habrá que ponerlas al día y sumarles una estrategia de desarrollo nacional autónomo que mejore la calidad de vida de las mayorías y también disputar el valor de la honestidad a estos hipócritas de la “posverdad”. El camino es largo, pero no imposible.

*Psicólogo. Secretario de Konfluencia Popular.