Nuevos Aires
Nuevos Aires Periodismo sin etiquetas, pero jamás neutral.
"La historia no tiene punto final.
Sólo puntos suspensivos..."
L. Marechal

29 de Mayo de 1969

AGUSTíN TOSCO Y EL CORDOBAZO

 

El mundo del trabajo tenía lo suyo. Participacionistas y combativos, por andariveles opuestos, observaban cómo los trabajadores endurecían gestos, sufrían agravios y protegían cada atisbo de demanda. Ocurre que el idioma del hambre no admite triquiñuelas. Tampoco “pechos fríos”. Por eso, de un lado, Onganía apostaba con firmeza a sus bigotes y del otro, la clase obrera pensaba en afeitárselos. Es que el agua en la olla hervía sin disimulo. Y no habría manera de evitar el desborde. En este período, Agustín Tosco se fortificó como dirigente y, el propio camino que eligiera, se encargó de elaborar con minuciosidad de orfebre aquella imagen de auténtico paradigma para sus compañeros. Desde el `59, con breves intermitencias, fue Secretario General de Luz y Fuerza de Córdoba. Producida la escisión de la CGT, sumará su voluntad a la de Raimundo Ongaro, ayudando a conformar la “CGT DE LOS ARGENTINOS”. Pero el país bullía por los cuatro costados. En Corrientes y Rosario, la cuerda se tensó con la muerte de tres estudiantes: Juan José Cabral, Adolfo Bello y Roberto Blanco. En Córdoba, la CGT se unifica y cobija bajo sus alas a todo el espectro gremial. Como respuesta a la política económica inventada por el ministro Krieger Vasena y a las “quitas zonales”, una vulgar rebaja de salarios, así como a los despidos por la reconversión industrial y el natural cierre de fábricas, se determina el paro activo para el 29 de mayo a las 11 horas. A partir de ese instante, del brazo de la historia, entró a escena el “Cordobazo”. Y comenzaba el final del dictador Juan Carlos Onganía.

 

 

 

Los trabajadores y estudiantes ocupan la ciudad y los pobladores de la Docta, se van incorporando con sus vítores y abucheos, ayudando materialmente en todas las formas. Nadie quiere ser ajeno, nadie se esconde. En el Barrio Clínicas, fuego y barricadas, solidaridad y combate. Todos se sienten hermano del otro, todos son un solo grito y una sola sombra. El “Cordobazo” marcó con hierro caliente a una generación de argentinos. A los que lo protagonizaron, les cambió el sentido de su existencia. A quienes lo asumieron como propio, les sacudió el alma para siempre.

 

Agustín Tosco estuvo un corto lapso en la cárcel. Al salir retorna a su actividad. Otra vez en la pelea. Integra, en los primeros meses de 1971, el Comando de Lucha de la CGT cordobesa, cuya acción reivindicativa será conocida como el “Viborazo”. En el otoño lo detienen y es encarcelado hasta enero de 1972. ¿Cuál habrá sido la matriz de este hombre? ¿Qué sino forjó esta estructura de tolerancia y acero? La represión buscó con denuedo hacer centro en su rostro. El “Navarrazo”, ataque al gobierno legítimo de la provincia y su posterior derrocamiento, consentido desde la Casa Rosada, instaura un dominio siniestro en Córdoba. El sindicato de Tosco es agredido por la policía y son recluidos varios dirigentes; él debe refugiarse en la clandestinidad. Ya los mercenarios de la muerte recorren soberbios la piel de la República. En septiembre del trágico 1974, son asesinados Atilio López, vicegobernador depuesto y el abogado laboralista Ricardo Curutchet. Además, la Triple “A” de López Rega, decreta la eliminación del “Gringo” pero él no se intimida; viaja, interviene en actos, entrevistas. Pero una dura enfermedad, agravada por la carencia de atención a la que lo obliga su necesidad de ocultarse, lo derrumba en noviembre de 1975. Agustín Tosco sólo tenía 45 años. 

Nuevos Aires
| © 2009-2014 Todos los derechos reservados |