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L. Marechal

Las incógnitas de octubre

¿TENDRá LíMITES MACRI?

Por Gerardo Codina

Entrando en la zona de definiciones para las elecciones de octubre, PASO mediante, que en la provincia de Buenos Aires puede implicar una disputa inédita entre distintas vertientes del kirchnerismo, el macrismo prosigue su avance en el proceso de remodelar la sociedad argentina a imagen y semejanza de su ideal, la república oligárquica del siglo XIX.

Apenas repuestos de la contundente reacción social frente a la amnistía encubierta que intentaron hacer pasar los cortesanos puestos por la ventana por el grupo Clarín, los hombres del Presidente avanzan en la definición de la próxima etapa del ajuste. Para reducir el déficit fiscal que ellos incrementaron exponencialmente, perdonando los impuestos a las mineras, a los exportadores de granos y a los consumidores de artículos de lujo, multiplicando el pago de los intereses de la deuda externa y haciendo negocios en su beneficio con el presupuesto nacional, bonaerense y porteño, piensan en reducir el gasto destinado a los jubilados, la educación, la salud pública y la investigación científica. Al margen de volver a privatizar YPF, Aerolíneas y la transmisión del fútbol. Algunas cosas ya las hicieron, otras las están haciendo y otras están por venir. Lo que queda claro es quién pagará la cuenta del festival de endeudamiento impulsado por el macrismo.

Estos planes se sostienen en su certeza que podrán trasponer la prueba de octubre con números que le permitan a su proyecto sobrevivir. Cuentan con la eficacia de trabajo mediático, la complicidad de una parte sustantiva del aparato judicial, la tibieza de una porción no menor de la dirigencia social y política que no quiere asumir los costos de la confrontación y las dificultades del campo popular para sintetizar una propuesta superadora que sea una alternativa competitiva en las urnas. Tanto confían en su eficacia, que procuran desplazar de posiciones de poder a los hombres del radicalismo que manifiestan alguna precaria autonomía y así ponen en crisis su propia coalición de gobierno.

Cualquier observador atento puede apreciar que la acumulación de tensiones que vive aceleradamente nuestra sociedad, si no encuentra un cauce político consistente, puede desembocar más tarde o más temprano en una reedición del “que se vayan todos”, vivido con el colapso de la experiencia neoliberal de los noventa, que actualiza y amplifica el macrismo en estos días. Que no suceda es responsabilidad de todos. Del oficialismo, que no cumple su parte y sigue enfilando para el precipicio. Y de la oposición, que tiene que estar a la altura de la suya y forjar la alternancia.

La reaparición de Cristina Fernández significó un reacomodamiento de todo el tablero. Por lo pronto, crece la voluntad del peronismo bonaerense de encolumnarse detrás de ella, pues es la dirigente que muestra mejor marca electoral. Aún la existencia de un sector menor, como el de Randazzo, en el caso de que participe de las primarias con una lista propia, puede reforzar la cosecha conjunta, ensanchando el espacio para recuperar porciones del peronismo. Ése que alentó una apuesta renovadora con Massa y la ha visto naufragar entre las complicidades con el oficialismo y la alianza gorila con Stolbizer. Serviría además para legitimar el carácter democrático del único espacio que daría participación efectiva a sus votantes en la definición de las prelaciones.

Todo en política supone riesgos, claro. Pero la capacidad de los aparatos partidarios existentes de meter la cola en una primaria del tamaño que tendrá la del peronismo bonaerense y sus aliados, es seguramente marginal. También el oficialismo intentará tapar el debate sobre las consecuencias de lo que está haciendo y provocando ahora, con el espantajo de los riesgos de volver al pasado. Para ello se reactivan ahora todas las causas habidas y por haber contra Cristina, de manera de que la cadena de medios hegemónicos pueda hacer campaña en su contra las veinticuatro horas del día, sin presunción de inocencia, sin pruebas ni justicia.

Más allá de las especulaciones y las dudas, lo que seguramente importa es hacer presente en este momento político a esa otra mitad de la sociedad argentina que no quería poner marcha atrás en el proceso de cambios que recorrió el país desde el 2003, de la mano de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Por supuesto, eso no alcanzará. Pero sólo así podrá comenzar el reagrupamiento de fuerzas en condiciones de ponerle límites a Macri. Los límites que él no tiene. 

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