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Nuevos Aires Periodismo sin etiquetas, pero jamás neutral.
"La historia no tiene punto final.
Sólo puntos suspensivos..."
L. Marechal

EL PUEBLO, TITULAR DE LA NACIóN, CON LA IGUALDAD DE DERECHOS COMO BANDERA

“Para creer en el futuro hay que pensar que debemos recuperar, por una parte, el pasado y saber las causas de lo que estás viviendo; y por otra parte, ejercer el derecho que tiene toda promoción humana nueva a modificar lo que encuentra.” (Manuel Vázquez Montalbán/”Correo de la Unesco”/Octubre de 1998)      

Nuestro tejido social, en el cual la solidaridad llegó a ser un bien dominante, fue fragmentado en el pasado reciente por la sinrazón del autoritarismo. En efecto, la dictadura cívico-militar que asoló nuestra Patria desde el otoño de 1976 con su ordalía de terror y sangre, contribuyó a implantar una suerte de “cultura del miedo” como la denominara Guillermo O`Donnell. No obstante, retornó el gesto solidario con la restauración democrática de 1983 y el intento inicial de Raúl Alfonsín, y luego alimentado con pasión, tiempo arriba, por la densidad Nacional y Popular de Néstor y Cristina (“La Patria es el otro”). Así se hizo realidad la reflexión lúcida de la psicoanalista Silvia Bleichmar cuando señaló: “La solidaridad es simétrica, es entre iguales, permite la identificación.”

Por eso creemos que hoy, en esta Argentina que tanto nos duele, se trata de poner el acento en todo aquello que nos une a los que soñamos otro país, y no en las mezquindades que pueden llegar a dividirnos. Por lo tanto, es necesario aprestarse a diseñar una sólida transformación institucional como obra de una voluntad colectiva que se comprometa a detener, “sin miedo escénico”, el fantasma de las desigualdades que el neoliberalismo pretende sacralizar sin escrúpulos, regresando de ese modo y “a paso de ganso”, a la fiesta menemista de la pizza y el champagne.

Por supuesto, la defensa incondicional de la Igualdad de Derechos, valor concebido como fruto dialéctico de la conjunción entre racionalidad y utopía, exige la participación activa de una Confluencia Nacional de Mayorías. Tarea ímproba, por cierto. Pero cuando esa perspectiva despunte en el horizonte, otro gallo comenzará a cantar, seguramente, en la tierra de los argentinos.

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