NUEVOS AIRES EDICIÓN Nº 5  | ABRIL DE 2018
 

Una Confluencia Nacional de Mayorías para derrotar al neoliberalismo

“Yo no me voy a anotar
en el bando de los opresores,
ni en el de los neutrales”.

Rodolfo Walsh

 

“La política es el arte de hacer posible lo necesario”, decía Eduardo “Bicho” Bonomi, quien fuera ministro del Interior de la hermana República del Uruguay. Pero para que la palabra se convierta en acto, es necesario que un Movimiento de carácter multitudinario como el Frente para la Victoria (FPV) que concita, en principio, la firme adhesión de 30 o 35 por ciento del electorado, mantenga a rajatabla los tres componentes básicos que requiere la acción política concreta: Liderazgo, inserción en el territorio, y un proyecto socio-económico-cultural que apunte al porvenir.
El Frente para la Victoria tiene su liderazgo en Cristina, aunque debería tender a la búsqueda de una dirección colectiva que exprese el nivel de alianzas comprometida con el proyecto.

 

Además, deberá ahondar su presencia en el marco territorial, a fin de establecer las convergencias necesarias en el seno de las bases, porque sólo éstas pueden garantizar la exploración de nuevos horizontes en la medida que se profundice el rumbo nacional, popular, democrático, con fuerte impronta latinoamericana. Asimismo, recordemos que la Unidad sostenida por las diversas tradiciones políticas que forjaron nuestra entidad como pueblo, desde el Yrigoyenismo intransigente, el peronismo crecido en las calles que nutrió las banderas del 17 de octubre del `45, así como la izquierda transformadora sin dogmas ni sectarismos, está en condiciones de superar los obstáculos que en el ámbito nacional vienen forjando los trasnochados predicadores del neoliberalismo.
Por lo tanto, para cumplir los objetivos emancipadores que la Patria exige en esta hora, será bueno reflexionar sobre lo expresado por el periodista Martín Granovsky: “Gobernar es construir alianzas, cuanto más amplias, mejor. Por otro lado, gobernar consiste también en no dormir con el diablo adentro.” De esto se trata, no dormir con el enemigo. No olvidemos que las actitudes contrarias a la ética de algunos políticos, suelen quedar dormidas entre los pliegues oscuros de la memoria, en el cínico albergue de la banalidad.

La Dirección